Backrooms (Parsons, Kane. 2026).
Backrooms
(Parsons, Kane. 2026).
Facilis descensus Averno: noctes atque dies patet atri ianua Ditis;
sed
revocare gradum superasque evadere ad auras,
hoc
opus, hic labor est.
Virgilio.
En Backrooms las
habitaciones no son ocupadas, las habitaciones ocupan a sus habitantes...
Se invierte la relación
entre espacio y sujeto. Pero dicho espacio no existe, es virtual. Una especie
de laberinto que pertenece al reino de la memoria y lo mentado. En ese ámbito
lo liminar entre lo físico y lo mental es desdibujado quedando expuesto el
umbral de lo real. Lo liminal más representativo en los ritos antiguos es el
paso entre vida y muerte, justamente simbolizado en el tránsito por el
laberinto. Laberinto es el hacha doble llamado labrys que representa el
paso entre la vida y la muerte en el contexto sacrificial. El laberinto
representa en los mitos la entrada al inferos, el paso definitivo al
otro lado. El laberinto es el lugar mítico donde se anulan y condensan todos
los lugares, en su centro habita el minotauro-demonio que se traga a quien osa
entrar en dicho no-espacio. En ese lugar se supone el acceso es amplio, pero
estrecha la salida. La salvación es posibilitada solo por un recordar siguiendo
un cable o hilo. Teseo (el fundador) es quien re-conoce el centro, mata al
terrible monstruo símbolo del no saber que no se sabe, dicho de otro modo: la
in-consciencia. En la teología medieval Cristo era emparentado con Teseo.
Existe una teología del centro y del laberinto, todo lugar sagrado es una
recreación de la ciudad celestial, que superpone el orden contrario a lo
laberíntico, dícese también de lo confuso.
En la sociedad virtual del
simulacro el laberinto se está sustanciando... ese y otros temores son
expuestos en la película Backrooms del novel Kane Parsons. Iniciada como
una burda creepy pasta,
convertida ahora en parte del cine tiktokero y YouTubero
de moda. Backrooms es hija de su tiempo que intenta balbucear un relato
que sirva de grito somnífero e inaudible de las pesadillas de la generación que
forma parte de esos "espacios" llamados redes sociales e internet.
Con resonancias de aquellos mitologemas que son por gracia los que sostienen
aún esos vagos flatus vocis. La cinta es una completa y burda alegoría
de los temores para escapar de esas cárceles y escombros construidos para
enajenación de los que quieren huir de sí mismos. En Backrooms se escapa
justamente la imagen perfecta del cine actual: monótono, abuso del efectismo,
baja hechura, irreal, simétrico,
aburrido, sin sentido del espacio, iracundo y artificioso. Parsons sin
proponérselo refleja en su primer película lo sencillo que es tomar una cámara
y solo grabar escombros.
Tres estrellas a este
olvidadizo producto correlato perfecto de lo marvelesco que se olvidó del
terror para ponerse discursiva y reiterativa. Recordándonos que los nuevos
directores ven a su audiencia como monigotes impávidos aplastados en las
butacas solo para correr y gritar en redes sociales habladurías y escribidurías
que los mantengan con sus tres minutos de atención. Película de usar y tirar de
temporada que promete extenderse con secuelas para explicarnos su final a lo
Shyamalan, donde una oscura corporación parece estudiar ese metaverso pleno de
habitaciones amarillentas y abandonadas.
N.B. Para hablar del
significado del color amarillo ya nos hemos extendido bastante en otros
lugares.
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